Raúl Castro proclamó hace un año justamente la denominada "actualización" del modelo cubano. Sus palabras de entonces fueron bien acogidas y hubo hasta quien creyó que se iniciaba un proceso de cambios estructurales en el Régimen.
Hasta ese momento se había dedicado a eliminar las restricciones y prohibiciones existentes, como la que prohibía a los cubanos hospedarse en hoteles dedicados al turismo internacional. También había hecho una limpieza en su entorno al sustituir los hombres fieles a su hermano mayor, algo que se ha interpretado como un Golpe de Estado, pero que no ha influido en nada para variar las consideraciones sobre sus proclamadas reformas.
La tardía perestroika raulista no parece ser la solución a los innumerables problemas que enfrentan los cubanos cuanto los cuentapropistas (autónomos) chocan con múltiples trabas burocráticas, no tienen un mercado mayorista donde adquirir los productos y la demanda es prácticamente inexistente por la crítica situación económica del país.Este año han sido devueltas el 25% de las 190.000 licencias concedida, lo que desvela que esta especie de "cirugía estética" (lifting facial) que ha hecho Raúl Castro no es suficiente para alisar las enormes arrugas de su régimen.
Por lo conocido hasta ahora la Conferencia Nacional de PCC, a celebrarse en enero del 2012, en la que se debatirán unos 90 proyectos, tampoco será la solución a la problemática cubana vista en la falta de libertades y derechos de los cubanos para darse un proyecto de vida como individuos y como nación.
Cuba vive una realidad muy dura, una realidad que arrastra profundos lastres y limitaciones que se traducen en problemas y necesidades acuciantes. Ninguna reforma condicionada y presupuestada con argumentos ideologizantes, en el que se excluye a una parte de la nación, puede tener éxito aun cuando pueda dar ciertos resultados económicos.
Los cubanos tienen derecho a un futuro mejor, en donde puedan disponer de mejores perspectivas de desarrollo, a través de una economía real y sostenible, acorde con las necesidades del Siglo XXI. En ese sentido deben darse pasos sustanciales al tomar decisiones importantes que impulsen el cambio, de lo contrario las reformas no existen o son un mero ejercicio de prestidigitación política para mantenerse en el poder como todo parece indicar.
Raúl Castro está al borde del abismo y lo sabe muy bien. Sabe que su reforma es un fracaso, sabe que nadie lo salvará, como conoce muy bien que no tendrá tiempo para asirse a la tabla salvadora de los americanos.

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